ANOREXIA Y BULIMIA: BUSCAMOS COMPLACER A UNA MACABRA COMPAÑERA
En los últimos años se han producido importantes cambios en el estilo de vida que, en efecto, ha traído consecuencias en la mayoría de la población, especialmente en los más vulnerables emocionalmente, los adolescentes. La intemperante influencia de los medios de comunicación ha dejado al descubierto el inestable equilibrio psicológico de los que pasamos por esta adusta etapa a la cual denominamos adolescencia. En la televisión o en internet aparecen prototipos ideales (ya sea varón o mujer), con el único fin comercial o marketero de expender productos que, según nos da a entender estos mensajes publicitarios, nos harán sentir más que otros, nos harán ser únicos ¿No crees que ya eres único pensando, analizando o criticando distinto de los demás? Por la misma parte, el producto publicitado es usado por miles de millones de personas en todo el globo terráqueo, convirtiéndote en una copia más del modelo perfeccionista e insulso que nos proponen cada vez que nos bombardean de publicidad. Como lo dije en un principio, esto ha traído severas modificaciones a lo que estaban acostumbrados y a lo que vivieron las generaciones que llegaron antes de nosotros (abuelos, padres, personas mayores). Ellos, de ninguna forma, estaban acostumbrados a tener un teléfono móvil ni a preocuparse por enfermedades tan complejas como las que vemos hoy y todos los días, y es que el cáncer, la gripe A H1 N1 o el SIDA, por denominar solamente algunas, no eran tan comunes en tiempos donde habían muchísimas más áreas verdes, de hecho era rarísimo etiquetar a una persona como portador de VIH, contagiado de influenza o ahora mismo, como contaminado de radioactividad. Si bien es cierto, esto último es reciente, ya se ha colado en la fila de riesgos a la que una persona se expone al pisar tierras niponas. Si observamos un poco el contexto nos daremos cuenta que a mayor avance tecnológico, más larga se hace la lista de enfermedades incurables o de sólo tratamiento, muchos no estarán de acuerdo con la apreciación a esta tendencia aún a sabiendas que es lúgubremente comprobada. Una de estas consecuencias son la anorexia y bulimia, distintas en definición pero idénticas en secuelas o en finales mortales. Dentro de este eje, ¿por qué uno de cada 100 jóvenes padece alguna de ellas? A decir verdad estos desórdenes emocionales no discriminan sexo, antes sólo las féminas eran víctimas de dicha enfermedad, sin embargo, ahora también es padecida por adolescentes varones. Esto es debido en gran proporción al deseo de transformarse en “el o la joven ideal” tomando como referencia los absurdos modelos publicitarios que no hacen más que querer convertir al adolescente en alguien que no lo es. Mensajes como: “Usa … y atrae más mujeres”, “ponte a la moda viste con…” o “compra … y sé más que los demás”, son sólo tres de los miles de millones de proyectiles enviados a deteriorar nuestra personalidad, nuestra autenticidad. Cabe recalcar que de ninguna forma estoy en contra de los medios de comunicación ni de la forma de hacer publicidad, es por eso que soy consiente de la decisión del joven respecto de aceptar o no caer en este laberinto construido en base a delincuencia e inculturalidad. Compilando esto extraemos una mansa conclusión: los que suman al país tienen como base emocional su autenticidad y los que restan pues no tienen ni siquiera la letra a de autenticidad, pues los medios transforman a su antojo a estos tipos de adolescentes que sin darse cuenta se han convertido en baratas marionetas.
Hace algunas semanas llegó a mi humilde biblioteca un nuevo inquilino, un libro, prestado temporalmente por el Ministerio de Educación de Perú a través de las escuelas públicas con el objeto de aportar en beneficio de la educación de jóvenes como yo y como muchísimos. Al examinarlo detalladamente me detuve en un testimonio algo inquietante, éste relataba las atormentadoras experiencias vividas por una joven bulímica; por ende creo por conveniente advertir acerca del gran peligro de caer en la anorexia o bulimia, como lo dije al comienzo esto es sólo una de las tantísimas consecuencias negativas que trae consigo la gran influencia de la publicidad además de la impresionante receptividad del adolescente. Es importante conocer que el 80 % de los casos de anorexia nerviosa tiene su origen en la adolescencia, el 10 % se inicia antes de la pubertad (11 – 13 años) y el 10 % restante después de los 25. Al continuar leyendo, usted padre o madre de familia, joven o señorita, tu solo(a) te darás cuenta si padeces alguna de estas enfermedades o si tu hijo (a) califica con los síntomas. A continuación el testimonio de una valiente señorita:
“Empecé a los 17 años con pequeñas depresiones, que ahogaba en la comida. A continuación sentía remordimiento, y en secreto, me provocaba el vómito y tomaba laxante. De pronto, adelgazar se convierte en un vicio, una obsesión que se te escapa de las manos. La mente se apodera de tu cuerpo. Primero pierdes un kilo, luego dos… y después quieres quitarte cinco más. Casi no comía; pensaba que hasta un vaso de agua me iba a engordar; escondía la comida para que mis padres no se dieran cuenta, y al mismo tiempo me atiborraba de pastillas y adelgazantes. Las consumía hasta en dosis tres veces superiores a la que indicaba el prospecto. Llegué a pesar 44 kilos, cuando según me decían, mi peso ideal debía ser de 52 ó 53 kilos. Mi familia me decía que estaba demasiado delgada, esquelética, pero yo me veía bien así – a veces, incluso me sentía gorda – y tenía pánico de subir algún kilo. Pero llegó un momento en que tenía la barriga hinchada, sentía dolores y no podía dormir. Entré en una fase de depresión. No quería hablar con nadie, no salía de mi casa, me daba asco a mí misma; empecé a aislarme y perdí muchos amigos. Cuando menos lo esperaba empecé a tener episodios de bulimia: no podía evitar darme unos tremendos atracones de comida. Y claro, luego sentía unos terribles remordimientos y me provocaba el vómito, tomaba laxantes. Era un círculo vicioso, probablemente fueron estos momentos de ansiedad por comer los que me hicieron ir al médico. Me diagnosticaron anorexia con episodios de bulimia y me derivaron al psiquiatra. Luego contacté con un médico endocrinólogo que me hizo pruebas: me había dañado el riñón por tomar tantos diuréticos, tenía el colon irritado, padecía anemia y había perdido pelo. Ahora estoy siguiendo un tratamiento y me va bien, aunque ya me han advertido que es largo y no me resulta nada fácil. Todavía soy incapaz de alimentarme normalmente. Mi mamá intenta que coma más, pero siempre pongo alguna excusa. He comprendido que no estoy gorda, pero tampoco me veo delgada. Últimamente he ganado algún kilo y me siento bien, más alegre, pero sigo teniendo un miedo horrible tanto a engordar como a caer de lleno en mi enfermedad. Dicen los médicos que lo importante es que por fin he reconocido mi enfermedad; por fin me he dado cuenta de que mi actitud ante la comida no es normal. Y eso es un paso importante. Sé que está en juego mi salud, que peligra mi vida. Ahora sigo un tratamiento, pero es fundamental que intente ayudarme a mí misma. Por que, en esta enfermedad, si tú no luchas, nadie ni los médicos, ni tu familia, ni los remedios van a poder hacer nada. Ahora he querido contar mi historia, dar la cara – aunque no sé qué reacción puede provocar entre la gente que me conoce – para poder evitar, con mi relato y mi ejemplo, que otras personas, pasen lo mismo que yo. Quien empiece a hacer una dieta por su cuenta, sin control, que sepa lo que se juega…”
Detectar a tiempo el problema es fundamental para detenerlo, porque una vez contraída, la enfermedad crece de forma incontrolable. Las curaciones espontáneas en las que el paciente consigue superar la anorexia por sí sola son mínimas, además esta enfermedad requiere de un tratamiento médico especializado y personalizado. Cuanto más antes comience, mejores serán los resultados y más rápida la recuperación. Es conveniente detectar si su hijo o hija, o tu joven estás padeciendo los síntomas de una de éstas terribles enfermedades. No importa como te vean, lo importante es que tú te sientas bien. Espero, al redactar este sencillo artículo, haber evitado que caigas en alguna de estas enfermedades.
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